Museo Nemirovski 2

Fran volvió a aparecer, resoplando por el esfuerzo de andar buscando por toda la habitación. De entre todos los objetos antiguos, él había escogido estas dos cámaras como las reliquias que no podía dejar de ver. Un tesoro que solo puedes apreciar teniéndolo en las manos.

Es imposible saber cuántas fotos había hecho cada una de estas cámaras, pero en la historia de la fotografía, estos dos modelos, y estas marcas, suman más mundo retratado que el que tú y yo podríamos llegar a ver aún viviendo tres vidas.

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Esta Leica es un modelo de los años 50, el M3. Es la herramienta escogida por algunos de los ojos más afinados de la fotografía, y creo que bastaría con solo dos nombres para sugerir la magnitud alcanzada por esta familia fotográfica, si estos son Henri Cartier-Bresson y Robert Capa.

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La familia Leica se remonta a 1913, cuando ve la luz el primer prototipo. Desde entonces, cada uno de sus nuevos miembros mejoraba a la generación precedente en diseño y prestaciones. Lo que caracterizó  a esta cámara fue la utilización de componentes ópticos de gran calidad, una modesta batería de objetivos intercambiables y, en su momento, la manejabilidad de su tamaño compacto. Fue la primera cámara en utilizar un negativo de 35 mm.

 

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Esta otra cámara, la Hasselblad, es una maravilla de formato medio, con 60 mm de negativo frente a los treinta y cinco que mide la película común. Además de la calidad y durabilidad de estas máquinas, y gracias a éstas, la familia Hasselbald llama la atención por haber tenido un papel destacado en dos capítulos importantes de la historia moderna del ser humano. Durante la Segunda Guerra Mundial se encargó a Victor Hasselblad la reproducción de una cámara encontrada en un avión espía alemán. Él la mejoró, y el resultado fue un modelo que sirvió en la aviación, a bordo de aeroplanos espías y de reconocimiento para la fotografía aérea. Pero su alcance no se queda ahí y dos décadas después acompañó a la NASA durante el desarrollo del Programa Apolo, la carrera por llegar a la luna. Un modelo adaptado para las circunstancias fue el encargado de congelar para siempre la archifamosa huella de Amstrong, y la bandera de barras y estrellas que aún permanece tiesa en la superficie del satélite. 

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Las cámaras que ves en estas fotos son dos joyas que tal vez nunca hayan dejado de funcionar. Son dos observadores que han visiitado los extremos de la aventura humana para retratar lo mejor y lo peor – o como dice la canción, el amor y la absurdidad – con que nos hemos empeñado en conquistarlo todo.

+ info:

Historia de la Hasselblad

– Premios Hasselblad

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