Antes todo esto era campo

Antes 01

Antes, todo esto era campo, me recuerda a una vejez que sentí a mi lado una mañana, mientras observaba una obra. La envergadura de la construcción la podías medir hacia el fondo, es decir, en medio de Barcelona, se habían puesto a cavar con la intención de levantar lo que   pretendía ser un esplendoroso hospital, aunque con esto de la crisis , al final solo pudiera quedarse a medias. La vejez, la que sentí a mi vera, esa vejez que como yo, curioseaba con solemnidad entre la valla protectora, sobrevivió a ese socabón. Pero tuvimos suerte. Mientras aquél ejército de máquinas destructoras escarvaba y dibujaba la forma lo que parecía una fosa común, hubo gente que lo escribió. Y ahora los demás podemos consolarnos.

El Colectivo Gilles de Rai son unas buenas personas que se dedican a organizar un cabaret, que es literario, y que se celebra una vez al mes en Barcelona en el barrio del Borne, en un local que regenta por la asociación RAI. Y Mikel y Ariel, son esas buenas personas, y todas sus inquietudes son las que forman esta madeja que embrolla las artes escénicas, con la escritura, con la edición de vídeo (echa un vistazo aquí, ingeniosa convocatoria). Lo que estos dos han montado es todo un entramado que nos brinda la oportunidad de virir la experiencia de subir a un escenario y ser por un rato nuestros ropios escritos, con todas sus consecuencias, y signifique lo que signifique. Antes todo esto era campo, es una publicación, una revista literaria que edita Colectivo Gilles de Rai.

Un día de finales de 2012, Mikel se apareció diciendo que le dejaban un espacio en la asociación cultural Rai y que algo tençian que hacer. Ariel dijo que sí a todo y juntos comenzaron a dibujar un ciclo de cabarets literarios bajo el signo del Colectivo Gilles de Rai. Luego llamaron a Agnés, que les presentó a María, y María a Clara, y Clara a Pablo, y Pablo a Sonia. Jose se trajo a Helena y a Tebu, y Tebu a Atxe. Por la calle le soltaron el rollo a Rubén, a Danilo y a Alejandro que, a su vez, se lo contó a Natalia. Les escribieron a los Acrocotrintos y a las Amalgamas. Les buscaron Alba y Carrie. Carles y Laura se colaron en la cocina. Luego Laura llamó a Sergi y de esta forma, al igual que el roce hace el cariño, el cabaret hizo la revista.”

Antes todo esto era campo es esa colección de textos escritos por los habituales del cabaret. Parroquianos, más o menos fieles a su cita, los casi autóctonos de dicho escenario. Aparecidos allí como las larvas, generación espontánea. La que lo da casi todo por perdido menos los jueves de terapia en el Rai. Los que les tiembla la voz, allí delante del micro, agarrados a sus hojas, como dijo Laura, para no caer ante un público cada vez más numeroso. Es lo que se empeñan en hacer y es lo que hicieron en la presentación de este primer número. Las fotos lo atestiguan. Yo estoy detrás de la cámara así que sólo salgo al final en la ya clásica foto de familia en la cocina. Estuve ahí  y estoy en Antes, en dos páginas con un texto ilustrado por Atxe.es.

Este texto ilustrado es la primera muestra de un proyecto que poco a poco vamos fabricando. Si quieres saber un poco más puedes curiosear en mi blog.

La revista se vende, a tres euros, tiene su ISBN e incluso licencia creative commons. Ergo es un objeto que existe, que está aquí, esperando a ser leído. Puedes encontrar al colectivo Gilles de Rai en su página de facebook.

Sobre las fotos tengo que decir que no están todos los que son, que en el escenario falta Sergi, falta Ariel, y los Acrocorintos,  Pablo Lechuga,  y alguno más que me habré dejado atrás. Faltan porque las fotos son inservibles a causa de la poca luz. Esperamos los vídeos.

Sería inútil hacer una lista con las motivaciones que nos ha llevado a cada uno de nosotros a enrolarnos en un sarao como éste, hay más de una por participante. Sólo nombraré la primera que encabezaría el listado, de la que nunca se habla, pero se ve, porque alguien nos la escribe en la cara: la felicidad. Lo demás, todo el resto, es el editorial de este primer número, un texto en el que el brazo armado de Gilles de Rai define el factor común que nos une y multiplica. Si alguna vez hubo algo que nos inquietó, estás a un renglón de leerlo:

Antes todo esto era campo. No había nada y nos pasábamos la vida bajo el sol: unos trepando los árboles, otros fumando cosas raras, nos tocábamos, juntábamos insectos diferentes para que se follen y a ver qué pasa, construíamos refugios con tres palos y así estaba bien. ¿Recuerdas que así estábamos bien?

Luego llegaron las máquinas, nos salieron pelos en las piernas y todo se fue al carajo. Nos metieron en la ciudad, nos metieron en la escuela, nos metieron en la universidad, nos metieron en el curro, nos metieron en el paro y, poco a poco, fuimos olvidando las palabras clave.

Nos preocupa esa pérdida y nos inquieta cómo lo llenaron todo con esos anuncios, esos libros, esos bares, esas aulas, esos periódicos, esas celebraciones, en definitiva, esos hachazos en cualquier momento del día que gritan que, en el fondo, al final de la calle, ya no hay vuelta atrás, ya no se mueve nada.

Pero ¿cómo que no se mueve nada? Si tenemos frío, si apenas leímos nada de lo que tendríamos que haber leído, si perdemos el tiempo currando de cualquier mierda, si han legislado todas y cada una de nuestras aspiraciones… ¿cómo que no pasa nada?

Sí, coño, tenemos ganas de volver a jugar; buscamos aquí en la calle, en este cúmulo de artefactos e instrumentos que siempre son más aptos que nosotros, un huequito donde la imaginación tome la postura que tenía cuando no diferenciábamos entre implicación y vida cotidiana, cuando sabíamos que juntando dos insectos diferentes crearíamos nuevas especies y, esperando ese mágico momento, se iba haciendo la cena.

Creemos que no se trata de cambiar modelos, modelos de conversación, de relación, de confesión. No, no queremos eso, no queremos otro modelo prefabricado de queja. Nos gustaría salvarnos de nosotros mismos recuperando todo el tiempo perdido dentro de tantas aulas, dentro de tantos bares y dentro de tantos encuentros de mierda. Ahora que lo vemos claro y no estamos solos, probaremos a hacerlo en papel palpable. Vamos a hojearnos, a tocarnos, a tocarnos de verdad, de verdad y bien. Vamos a tocarnos bien y, así, recuperar algo de lo que un día fue nuestro.”

Antes, todo esto era campo.

Gracias a Ariel, y a Mikel, cabeza y corazón, corazón y cabeza del Colectivo Gilles de Rai.

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